El Pequod - Arturo Encinar Gayá
Me metí en Periodismo.
Es la forma más directa de empezar, porque así explico muchas cosas. Quizás quienes lean esto no comprendan el significado de ello, pero yo sí. Meterme en Periodismo, en una nueva universidad, con nueva gente... debía de ser algo especial. Así me lo dijeron todos. Quiero decir que en un principio yo estaba obsesionado, ilusionado es la palabra adecuada, con la idea de hacer Comunicación Audiovisual. Por devenires terminé en Periodismo.
Contar mi experiencia en periodismo sería como contar mi experiencia en el Pequod, a mi manera de ver. La nota de selectividad que me dieron fue digna según me decían los demás, pero yo no estaba satisfecho, y sabía que la nota no era justa y que me merecía más. Como ejemplo: sacar un 10 en Historia del Arte en el global y sacar un 7´5 en selectividad. Sacar un 8 en inglés del global y en selectividad un 4. La única nota que pudiera parecerse a la real fue Historia de España, creo que un 9, aún así, en el global saqué un 10. Traté de pedir una revisión, pero la revisión no fue justa tampoco. Para mi eso era devastador. Era como el cumplimiento de mi peor pesadilla. Era el terror que trataba de esconder para conseguir salir adelante en cada examen. Pero ahora no había más exámenes. Había esa nota. Y un vacío. ¿El fallo fue mío? ¿Fue culpa de mi mala letra que algo no se entendió? ¿Fue algún desliz? Estoy seguro que no. Yo no pude haberme equivocado. No bajé del 9 durante 4 exámenes de Historia del Arte, ahora lo tenía que hacer en el último. Y todos los profesores que me enseñaron, a quienes les recuerdo con mucho cariño por todo lo que hicieron por mi, coincidían en que no pude haberme equivocado. Son solo números, pero los números eran la llave de una puerta que no se abriría.
¿Me había equivocado?
Me había obsesionado. Había sacrificado todo lo que tenía. Me convencía de ello todos los días al despertarme. Sabía que tenía que echar toda la carne en el asador si quería llegar donde quería. Y mantuve ese pensamiento durante los meses más intensos de toda mi vida. Yo nunca había sido buen alumno en ningún sentido. Sacaba malas notas y no iba al colegio a aprender o a estudiar, iba porque tenía que ir y porque mis amigos iban. Entonces ocurrió la pandemia. Vivía en el campo así que tuve la oportunidad. La oportunidad de tener tiempo. De poder dedicarme a encontrar algo. Y lo hice. Quería escribir guiones. Sabía que los conocimientos que tenía que tener a pesar de haber leído mucho podían mejorar. Podían hacerlo. Y eso era razón suficiente para querer buscar. Comenzó 2º de bachillerato y al principio no estaba muy seguro de lo que haría. Me bastaba con saber que quería escribir. Descubrí que en Comunicación Audiovisual, específicamente en el master de guion, podría perfeccionar mis conocimientos para hacer mi pasión. Sabía que no importaba lo que la gente dijera sobre ello, que mientras uno se mantuviera firme y apasionado uno podría llegar a donde fuera. Porque nunca me había sentido así.
Me había equivocado.
Uno necesita más que pasión para llegar a donde quiere llegar. También necesita sangre y mente fría para tomar las decisiones que se han de tomar. El esfuerzo no fue recompensado propiamente con lo que quería. Y decepción tras decepción traté de autoconvencerme de que las cosas eran mejor así. Pero era engañarme. Periodismo era una carrera en la que yo no encajaba. Yo había tratado siempre de mantener una distancia de precaución con las redes sociales y, de hecho, conseguí deshacerme de ellas totalmente. El tiempo que se gastan en ellas es precioso. Y necesitaría todo el que pudiera. Ahora me decían que debía leer periódicos y estar informado. Tener una opinión. Yo nunca había tenido una opinión. Todo el mundo parecía tener una. Para mi aprender el oficio de escribir, fuera como fuera, siendo periodista o guionista, era esencial. La opinión no me interesaba y eso era algo secundario.
Las asignaturas me mantenían atento, aprendía cosas diferentes. Quizás demasiado diferentes a mis intereses. Me sentía siempre un paso por detrás. Aunque lo intentara de verdad. Sabía que no debía estar allí. Ya convalidaría el próximo año y estaría en Comunicación Audiovisual como en el plan inicial. Pero luego traté de convencerme de que los planes cambian y que necesitaba un cambio acorde a ello.
Me equivoqué.
Quizás no tenga el derecho a criticar una carrera en la que sé que no encajo y en la que no pinto nada. Que el error es mío. Ya lo sé. ¿Pero y el resto? A todos los demás no parecía importarles mucho el hecho de estar en la universidad. Tiraron la toalla demasiado rápido ¿no? Yo no lo hice. Al menos hasta que me di cuenta de que las cosas no iban bien. Me estaba comenzando a darme cuenta del pozo en el que me había metido. En un sistema y una sociedad débil. ¿Leer es algo raro ahora? Hubo una temporada en que la gente me quería convencer de que era raro, un rara avis. Al principio me gustaba, luego me comencé a sentir la reliquia de un museo. Siempre es bueno que te digan que eres especial en alguna manera. Pero si te lo repiten y te lo repiten empiezas a creer que te están aislando de la realidad, como si fueras un mono entre hombres y tu sitio es en la selva. Y entonces te viene la necesidad de sentirte integrado a pesar de todo. Aunque no encajes. Pero me parecía simplemente imposible. En una carrera de periodismo donde no se lee no pueden salir buenas cosas. Siendo de letras o de ciencias sociales. Aunque te informes y sigas la actualidad, leer libros es algo básico. Si quieres escribir has de leer. Conseguir cultura. Y todo el mundo vive en las redes sociales y no se preocupan de bajar de su pequeño satélite a ver si hay algo precioso en la tierra de la que vienen.
Ellos también se habían equivocado.
Mi experiencia es ésta: aislamiento, desinterés, desarraigo. Los profesores explican bien. Sí. ¿Y más allá de eso? Es raro sentirte integrado en nada. Los profesores vienen y se van. Pueden caerte bien o mal, pero que tengas clase con ellos es cosa del azar. Falta de continuidad. En el primer cuatrimestre se enseñan 3 asignaturas de periodismo y luego en el segundo se pasa a no dar ninguna relacionada con ello. Desequilibrado. La premisa de las asignaturas es buena: enseñar cosas que son necesarias para la profesión (sociología, historia, teorías de la comunicación, información y tecnologías) pero en conjunto se hacen inconexas y demasiado descentralizadas. Los alumnos son inmaduros, desinteresados. Una mayoría errante que no sabe lo que quiere. No es un ambiente cómodo.
Nada más que decir. Cualquier cosa que pudiera añadir sería superflua. El problema reside en la base de la educación: la gente que sale de la educación secundaria sale poco preparada, incluyéndome a mi mismo, que como he explicado, yo también seguí la tendencia de mediocridad generalizada. Que yo pudiera plantearme un destino profesional claro fue un milagro, o más bien, un desastre. Que tenga que ocurrir una desgracia como el COVID-19, con todo lo que ello conlleva, para que uno sepa lo que ha de hacer, aún con las remotas posibilidades de que una persona decida vivir aislada de las redes sociales y tomarse el tiempo suficiente para pensar en algo no es justo.
No me siento alegre ni satisfecho ni conforme al expresar mi descontento.
Las cosas no deberían ser así. Simple y llanamente.
Es totalmente disfuncional.
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